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La Tierra, cambios profundos en 2050

De los trópicos a los polos, el calentamiento global habrá transformado el planeta de forma incontestable en pocas décadas. Los impactos serán económicos y humanos

El calentamiento y los cambios del uso del suelo incrementarán el riesgo de grandes incendios forestales, como el de la semana pasada en California. / STUART PALLEY (EFE)

La geotransformación ha comenzado. El planeta Tierra está inmerso en un cambio insólito, por lo acelerado que, de una manera o de otra, con efectos diferentes aquí o allá, llega a todos los lugares. “A mediados de siglo las evidencias del cambio climático, en aspectos que ahora pueden no ser aún muy visibles, serán incontestables”, dice el experto Manuel de Castro. Muchos países no tendrán capacidad económica para poner en marcha medidas de adaptación que eviten los impactos más adversos. Los desarrollados seguramente sí, pero con un coste alto. En España, por ejemplo, solo la subida del nivel del mar hacia 2050, en algunas provincias, puede suponer un coste equivalente a entre el 0,5% y el 3% de su PIB, que llegaría al 10% a finales de siglo, según un reciente estudio liderado por Íñigo Losada, director de Investigación del Instituto de Hidráulica Ambiental de Cantabria.

Las temperaturas seguirán aumentando y, hacia 2050, la media global será entre uno y dos grados más alta que ahora, dependiendo de cuántos gases de efecto invernadero se emitan. “Y eso es mucho: hay que tener en cuenta que se ha fijado, el límite de dos grados de aumento, aproximadamente, desde la época preindustrial, como máximo a no superar para evitar las peores consecuencias, y a mediados de siglo estaremos muy cerca o ya en esos dos grados”, continúa De Castro, catedrático de Física de la Tierra de la Universidad de Castilla-La Mancha. Hay que tener en cuenta, recuerda, que desde la época preindustrial, hacia 1780, la temperatura media del planeta ha subido ya 0,8 grados y —no se cansan de repetir los científicos— no es que la Tierra no haya sufrido cambios climáticos en el pasado; al contrario, han sido abundantes, pero no hay registro de ninguno tan rápido como el actual. La gran novedad, además, es que en esta ocasión se debe a la actividad humana. “Es Física: se refuerza el efecto invernadero por las emisiones, sobre todo de los combustibles fósiles, y el planeta se calienta”, afirma taxativamente De Castro.

La convulsión del clima tiene múltiples manifestaciones, efectos y retroalimentaciones. “A mediados de siglo, el Ártico será un océano libre de hielo en verano, con importantes rutas de navegación y transporte marino, así como grandes puertos e infraestructuras asociadas”, describe Carlos Duarte, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA, CSIC-UIB). Y más sobre el Ártico dentro de 50 años: “Muchas especies asociadas al hábitat del hielo, como el oso polar, focas, morsas y algas, se encontrarán en un estado crítico de conservación o se habrán extinguido, mientas que muchas otras, como el bacalao, gambas, bosques de algas y praderas submarinas se habrán extendido creando nuevos ecosistemas con nuevas funciones y servicios a la sociedad”, añade este oceanógrafo experto en los confines septentrionales de la Tierra.

Otra extensa parte de planeta que habrá cambiado dentro de unas décadas es la Amazonia, que puede sufrir una deforestación acelerada por el efecto combinado de las sequías prolongadas y los incendios, como muestra un trabajo publicado en Proceedings (Academia Nacional de Ciencias, EE UU) por Paulo Monteiro Brando (Instituto de Pesquisa Ambiental da Amazonia) y sus colegas. “Las interacciones entre el clima y los cambios del uso de la Tierra pueden desencadenar la extensa degradación de las selvas amazónicas; los incendios de alta intensidad asociados a los fenómenos meteorológicos extremos pueden acelerar esta degradación incrementando abruptamente la mortalidad de los árboles”, explicaban hace un mes.

El coste el algunas provincias en España estará entre el 0,5% y el 3% del PIB

Los estudiosos del clima puntualizan que las proyecciones climáticas no consisten en predecir el tiempo meteorológico que hará dentro de 50 años, en una semana concreta en una localidad determinada. No se trata de una predicción del tiempo a larguísimo plazo, sino de identificar los rasgos y de calcular los cambios del clima de la Tierra y sus posibles manifestaciones en la medida en que se vayan acumulando más o menos gases de efecto invernadero en la atmósfera. “La precipitación media global dentro de 50 años aumentaría entre un 5%, en el escenario más favorable de menor concentración de gases de efecto invernadero, y un 15% de incremento en el escenario más desfavorable”, resume De Castro. “Pero su distribución será muy desigual entre regiones. Como regla general, las zonas húmedas recibirán más precipitaciones y las áridas, tendrán menos lluvias, con pocas excepciones”.

Tampoco el cambio en las temperaturas será uniforme, de manera que habrá entre un 20% y 70% menos días de frío extremo respecto a los actuales, especialmente en latitudes altas, mientras que el número de días de calor realmente alto aumentará entre un 30% y un 250%, sobre todo en latitudes medias. Y la duración e intensidad de las sequías es probable que aumenten en regiones como la cuenca del Mediterráneo, Europa Central, Centroamérica, noroeste de Brasil y Suráfrica, apunta el catedrático de Castilla la Mancha. En la península Ibérica “los inviernos será un poco más suaves y, aunque seguirá habiendo días muy fríos, serán menos frecuentes; los veranos serán mucho más tórridos y las precipitaciones serán menos abundantes entre abril y octubre”.

Millones de personas notarán el cambio climático directamente en las regiones costeras que el mar, al subir, se habrá comido literalmente o erosionado mucho. Algunas islas, como varias del Pacífico, o las Maldivas, tendrán problemas serios de pérdida de habitabilidad por áreas sumergidas o por la salinización de acuíferos. Los deltas de los ríos se verán afectados, además de playas y costas en todo el mundo, con impacto enorme, por ejemplo, en el turismo.

“En España, el aumento del nivel del mar afectará a toda la costa. Será notable en el delta del Ebro o zonas bajas como la desembocadura del Guadalquivir o Huelva; el impacto será destacable también en puertos e infraestructuras costeras, incluso con pérdida de operatividad en muchos casos, y se perderá gran parte de las playas encajadas en las costas del Cantábrico y de la Costa Brava”, explica Losada. Advierte de que las grandes y dañinas tormentas que ha sufrido este invierno la costa norte española pueden ser más habituales dentro de pocas décadas.

Las zonas humedas tendrán más lluvia y las secas sufrirán más sequía

“La subida del nivel medio del mar desde 1900 ha sido de unos 20 centímetros, y los valores proyectados para 2050 están entre 24 y 29 centímetros más”, resume Losada. ¿Y ese crecimiento del agua, de dónde saldrá? La mayor parte, responde este experto, se debe a la expansión térmica del agua, la dilatación de un material que se calienta, pero también de la fusión de los glaciares y las masas de hielo en Groenlandia, Ártico y Antártida. “Por ejemplo, si se fundiera la masa de hielo que cubre Groenlandia, lo que sería posible excediendo temperaturas globales por encima de dos o cuatro grados respecto a la preindustrial, se estima una subida del nivel medio del mar global de hasta siete metros”, explica Losada. Pero eso sería, en todo caso, mucho más allá de finales del siglo XXI. De momento, las tres evidencias claras de cambio climático en el océano son: subida del nivel, calentamiento del agua y acidificación de la misma, con gran impacto en prácticamente todas las especies marinas y muy especialmente en los corales.

Los trópicos se están ampliando hacia latitudes cada vez más altas, y el proceso seguirá. No solo la frontera con las latitudes medias, determinada por la circulación atmosférica específica de la banda ecuatorial, se desplaza hacia el Norte y el Sur arrastrando sus condiciones de vientos secos y desiertos. Desde 1979, el cinturón atmosférico tropical se ha ensanchado entre 225 y 530 kilómetros, sumando el efecto en ambos hemisferios. Además, según han anunciado dos equipos científicos hace poco, la fase más intensa de los ciclones tropicales, como huracanes y tifones, se desplaza igualmente con el ensanchamiento del trópico. Las migraciones de millones de personas huyendo de las zonas más acosadas por la sequía serán seguramente una realidad dentro de 500 años.

Para finales de siglo, muchos de estos efectos del calentamiento global se habrán agudizado y otros habrán empezado a mostrarse con toda claridad. “Lo seguro es que dentro de 50 años ya no habráclimaescépticos”, concluye De Castro, “puesto que hará tiempo que las evidencias del calentamiento global antropogénico habrán llegado a ser absolutamente incontestables”.


Pronósticos para todo el planeta

Los expertos de la NASA resumen las proyecciones climáticas para las grandes zonas del planeta.

Europa. Aumenta notablemente el riesgo de inundaciones catastróficas en el interior. En las costas también habrá inundaciones más frecuentes y la erosión de agudizará por las tormentas y la subida del nivel del mar, se reducirán los glaciares en las áreas montañosas así como la cubierta de nieve en las latitudes altas. La pérdida de especies animales y vegetales será importante y se reducirá la productividad de las cosechas en el sur del continente.

América Latina. En general se registrará un reemplazo gradual de la selva tropical por la sabana en la Amazonia oriental, con un alto riesgo de pérdida de biodiversidad y extinciones de especies en muchas áreas tropicales, y cambios significativos en la disponibilidad de agua dulce para el consumo humano, la agricultura y la generación de energía.

América del Norte. Habrá una disminución de las nieves en las regiones montañosas occidentales, un incremento de entre el 5% y el 20% de las precipitaciones en algunas regiones agrícolas (lo que será favorable) y un incremento en la intensidad y frecuencia de las olas de calor en lugares que ya las sufren.

África. Ya a finales de esta década habrá entre 75 y 220 millones de personas expuestas al incremento de la escasez de agua dulce, pueden reducirse las cosechas que dependen de las precipitaciones hasta un 50% en algunas regiones y el acceso a la alimentación pude estar gravemente comprometido.

Asia. Especialmente en el sur, el centro, el este y el sureste, se reducirá la disponibilidad de agua dulce hacia 2050; extensas áreas costeras están en riego por el incremento de las inundaciones y en algunas regiones se esperan más y más intensas sequías.

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Los satélites muestran la «respiración» de dióxido de carbono de la Tierra – ABC.es

Las emisiones continúan aumentando a pesar de las recomendaciones internacionales, y también se incrementan las de metano por la actividad humana

Los datos recogidos por los satélites sobre los gases de efecto invernadero a lo largo de la última década indican que los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera continúan aumentando, a pesar de los esfuerzos internacionales para reducir las emisiones. Los satélites también muestran un reciente incremento en los niveles de metano, probablemente relacionado con la actividad humana.

El dióxido de carbono y el metano atmosféricos son los principales gases de efecto invernadero relacionados con la actividad humana y con elcalentamiento global.

Los datos recogidos por la misión Envisat de la ESA y por el satélite japonés GOSAT desvelan que los niveles de dióxido de carbono aumentaron cerca de un 0,5% anual entre 2003 y 2013. Los niveles de metano, tras permanecer estables durante varios años, empezaron a aumentar un 0.3-0.5% cada año a partir de 2007.

La principal causa del aumento de dióxido de carbono a lo largo de los últimos diez años son las emisiones derivadas del uso de los combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo o el gas.Todavía no está claro por qué han aumentado los niveles de metano, pero es probable que se deba a una combinación del incremento de las emisiones antropogénicas y de las variaciones naturales asociadas con las emisiones de los humedales o con la combustión de biomasa.

Además de monitorizar los niveles de los gases de efecto invernadero, los satélites nos permiten estudiar su distribución geográfica y sus fluctuaciones temporales. En el caso del dióxido de carbono, las fluctuaciones más importantes son las estacionales, asociadas con los cambios en la actividad fotosintética de las plantas. Esta ‘respiración’ es especialmente notable a latitudes medias y altas. Los bosques de estas regiones absorben el carbono atmosférico durante el verano (‘inhalación’), y liberan parte de éste durante el invierno (‘exhalación’).

Aunque los mapas obtenidos desde el espacio muestren regiones con altos niveles de metano, para poder cuantificar con precisión las emisiones es necesario aplicar modelos que tengan en cuenta los efectos del transporte atmosférico, como la acción del viento. “Los satélites nos desvelan la distribución global de las emisiones de metano, una información que simplemente no se puede obtener a partir de las escasas mediciones realizadas en superficie, aunque éstas sean mucho más precisas”, explica Peter Bergamaschi, un científico del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea en Ispra, Italia.

Los científicos esperan poder comprender cómo afectan los ciclos naturales y la actividad humana a la concentración de gases de efecto invernadero en nuestra atmósfera. Los últimos resultados de los distintos proyectos que forman parte de la Iniciativa de la ESA sobre el Cambio Climático se presentarán la semana que viene en el Living Planet Symposium.

Los satélites muestran la «respiración» de dióxido de carbono de la Tierra – ABC.es.

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Viaje a los hielos polares | EL PAÍS

El periodista Toni Pou fue seleccionado para pasar casi un mes en una misión en el Polo Norte

Su peripecia a bordo del barco Amundsen se narra en el libro ‘Donde el día duerme con los ojos abiertos’

Uno de los científicos de la expedición del ‘Amundsen’, preparándose para realizar mediciones.

Los hielos polares han sido la tumba de los anhelos e ilusiones de numerosos valientes exploradores, hombres con una inteligencia, habilidad y determinación que les hacía sobresalir entre la mayoría. Muchos perdieron la vida y quedaron congelados mientras perseguían su sueño de pasar a la historia como descubridores del polo. No en vano, el Ártico y la Antártida son, junto con algunas montañas y junglas, las zonas más duras e inaccesibles del planeta. Hoy en día, un poco más lejos de estos romanticismos, sigue habiendo expediciones polares: a las bases científicas de la Antártida o a bordo de grandes barcos rompehielos a través de las aguas árticas. El periodista Toni Pou fue seleccionado para pasar casi un mes a bordo de una de estas misiones, en el barco Amundsen, y se volvió de allí con un hermoso libro titulado Donde el día duerme con los ojos abiertos (Anagrama), originalmente escrito en catalán y merecedor del Premio Godó de Reporterismo e Investigación. Durante el tiempo que estuvo allí no se puso el sol ni una sola vez.

Pou logró el premio Godó de Reporterismo e Investigación por su libro sobre la expedición

Lo que hace especial el libro de Pou, además del tema, ya de por sí apasionante, es la forma en la que está escrito: Pou mezcla la crónica personal con la descripción de las múltiples investigaciones científicas que se llevan a cabo a bordo del Amundsen , todo ello entreverado con el relato histórico de la conquista del ártico, las aventuras y desventuras de hombres extraordinarios como Roald AmundsenJohn FranklinRobert Peary o Fridtjof Nansen. También trata el periodista, y lo consigue, de hacer un retrato fiel de la comunidad científica, lejos de los estereotipos que considera a los científicos raros, excéntricos, alocados o geniales: los que viajan en el Amundsen, cuya edad media ronda los 30 años, son gente normal que muchas veces realiza tareas físicamente muy duras, al recoger muestras de hielo, agua, o lodo del fondo marino, o, simplemente, muy monótonas, como en el caso de los que tienen que vigilar durante toda la noche (noche luminosa, recordemos) unas pantallas para evitar que ciertos parámetros se salgan de la normalidad. Gente que solo puede beber alcohol los días señalados y que, para escapar de la rutina de la vida en un barco, organiza competiciones de mini golf, cenas elegantes los domingos, barbacoas en la cubierta, o se pica jugando a los dardos.

“En el Amundsen lo que hacen principalmente los científicos es tomar muestras para sus investigaciones, y hay muchas interesantes”, explica Toni Pou. “Por ejemplo, aquí se investiga el ciclo del carbono. Por lo general, el carbono pasa de la atmósfera a las plantas, y de las plantas entra en la cadena alimenticia hasta llegar a los animales superiores. Cuando los organismos mueren, el CO2 vuelve a la atmósfera. Pero en el mar el fitoplancton, base de la cadena alimenticia marina y muy abundante en el ártico, captura el CO2 y genera materia orgánica. El material acaba en el fondo marino y no vuelve a la atmósfera. Digamos que el océano fija el CO2. Es interesante comprender cómo, porque de ahí podría surgir un método para modular el ciclo de carbono”, indica. También es sorprendente la conexión que podría tener el Ártico, tal vez el lugar más marciano de este planeta, con la búsqueda de vida extraterrestre. “Cuando se forma hielo, la sal se queda fuera. Así que entre el hielo quedan huecos con altas concentraciones de sal. Ahí viven una bacterias que soportan muy bajas temperaturas y altos grados de salinidad”, comenta Pou. “Este tipo de bacterias que viven en condiciones difíciles para otros organismos se llaman extremófilos y su estudio es interesante porque da pistas sobre cómo pueden vivir organismos fuera de la Tierra en condiciones extremas”. Por ejemplo, según cuenta el periodista, de haber vida en el Sistema Solar, lo más probable sería encontrarla en Europa, la luna de Júpiter, que está recubierta de hielo, bajo el cual podría haber agua líquida que albergase formas de vida.

La cuestión que más interés suscita del Ártico es el progresivo deshielo debido al calentamiento global

Tal vez la cuestión que más interés suscita del Ártico es el progresivo proceso de deshielo debido al calentamiento global. “La cosa pinta mal. El pasado septiembre se alcanzó el mínimo histórico de hielo. La tendencia es a la baja. Los científicos, en 2008, me dijeron que en menos de 50 años el Ártico estaría sin hielo. Sin embargo, ahora mismo se estima que en 15 años esto ya habrá ocurrido, aunque hacer estas predicciones resulta muy complejo”, asegura Pou. “De todas formas, los científicos son más pragmáticos que dramáticos. Saben que esto traerá consecuencias ambientales, sociales y económicas, así que trabajan en la predicción y buscando soluciones para mitigar esas consecuencias negativas, pero sin decir que es el fin del mundo”.

El deshielo ártico, aparte de las citadas consecuencias negativas, traerá también beneficios para algunos. “Se puede encontrar gas o petróleo bajo el fondo marino, materias primas que ahora son difíciles de explotar debido a la capa de hielo. También se podrán abrir rutas comerciales más rápidas por el Ártico que evitarán tener que cruzar el canal de Suez o el canal de Panamá y que abarataran costes de transporte, por eso a algunas empresas les vendrá bien”, dice. Este verano, según relata Pou, ya se ha podido navegar por el paso de noroeste, al norte de Canadá. Los países limítrofes ya están empezando a interesarse por el Ártico. Respecto a la Antártida, por el contrario, existe un Tratado Antártico, firmado en 1959, que reserva el continente helado a fines pacíficos y científicos. No existe nada semejante para el Norte.

En Donde el día duerme con los ojos abiertos hay mucha literatura, tanto en la forma en que está escrito como en las citas a Poe, Nabokov o Gombrowicz. Toni Pou salta por encima de frontera que media entre las llamadas “dos culturas”, de ciencias y humanidades, que describió C.P. Snow en 1959. “En la sociedad existe buena percepción de la ciencia y los científicos, aunque sigue pensándose que es algo muy especializado o difícil de entender”, dice Pou. “Pero también son difíciles la literatura o la música si tratas de profundizar. Lo preocupante es que, sin tener una buena cultura científica, no se pueden entender ciertos asuntos políticos y otras muchas cosas. Como suele decirse, se considera de una gran incultura no saber quién es el autor de El Quijotey, sin embargo, a nadie le extraña desconocer el segundo principio de la termodinámica, que sería lo equivalente”.

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