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Las mejores fotos de la Luna

La NASA pide ayuda a los internautas para seleccionar la imagen más impresionante de la superficie lunar tomada por una de sus sondas tras cinco años en el espacio

El Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA (LRO, por Lunar Reconnaissance Orbiter) lleva cinco años en órbita alrededor de la Luna tomando imágenes de su superficie en alta definición. Desde que fue lanzada al espacio en junio de 2009, la nave ha permitido conocer mejor la cara oculta de la Luna, diseñar un mapa completo de sus cráteres y, lo que es más importante, ha proporcionado la visión más completa y detallada tomada jamás de nuestro satélite natural, gracias a los 192 terabytes de datos, imágenes y mapas recogidos por sus siete instrumentos. Además de mejorar la comprensión científica de la Luna, la misión también trata de buscar posibles sitios de descenso para las naves tripuladas que pudieran viajar allí en el futuro.

Ahora, la NASA ha pedido al público en general que vote, a través de internet, cuál es la imagen más impresionante que el LRO ha tomado de la Luna. La votación está abierta hasta el 6 de junio y la foto ganadora (de entre las cinco que mostramos en este artículo, escogidas por la agencia espacial) se dará a conocer el 18 de junio, fecha del quinto aniversario del lanzamiento de la nave.

Las imágenes son las siguientes:

-Noche estrellada: El Altímetro Láser del Orbitador Lunar (LOLA) a bordo del LRO envía pulsos de láser a la superficie de la Luna. Estos pulsos rebotan y regresan al instrumento, proporcionando a los científicos las mediciones de la distancia desde la nave espacial a la superficie lunar. De esta forma, LOLA mide la forma de la superficie lunar, que incluye información sobre elevaciones y pendientes.

Esta imagen muestra el terreno cerca del polo sur de la Luna. Del rojo brillante a las zonas blancas muestra una zona elevada (25 grados o más), mientras que el azul oscuro y el púrpura son `ara las laderas más bajas (5 grados o menos). Las pendientes más pronunciadas se encuentran en los bordes de los cráteres de impacto, que aparecen como círculos brillantes en toda la imagen.

Cráter Clerke: La pared interior del cráter Clerke tiene muchos flujos distintos de material granular que se estrechan a medida que alcanzan el suelo del cráter. El material de base se origina en el borde del cráter. Los flujos de escombros pueden ser más jóvenes que el suelo del cráter y las paredes si fueron instigados por un terremoto o un cráter de impacto cercano. El cráter, de 7 km de diámetro, se encuentra cerca de donde el Apolo 17 aterrizó el 11 de diciembre de 1972 y lleva el nombre de Agnes Mary Clerke.

-Polo norte lunar: Esta imagen muestra las temperaturas nocturnas en el polo norte de la Luna, medidas por el instrumento Diviner. Las áreas en azul y púrpura representan las temperaturas más frías, mientras que las áreas de color naranja y rojo señalan las más cálidas. En cualquier punto en la órbita de la Luna, la mitad del satélite se encuentra en la luz del día, mientras que la otra mitad está en la oscuridad. En los polos, vemos que la mitad de la imagen sería mucho más caliente que la otra.

-La tipografía del cráter LinnéDe 2,2 km de diámetro, este cráter es joven y muy bien conservado. Las imágenes de la sonda proporcionan a los científicos información crítica para desentrañar la física implicada en el impacto que lo creó. (La imagen, la primera arriba).

-El pico central del cráter Tycho:

El cráter Tycho es un destino muy popular entre los aficionados a la astronomía. Tiene 82 km de diámetro. y la cumbre del pico central se encuentra a 2 km sobre el suelo del cráter que, a su vez, se encuentra a aproximadamente 4.700 m por debajo del borde .

La fisonomía de Tycho es tan marcada y nítida porque el cráter es joven para los estándares de lunares, solo unos 110 millones de años. Con el tiempo, los micrometeoritos, y los que son más grandes, dañarán y erosionarán estas laderas empinadas hasta convertirlas en suaves montañas suaves.

Las mejores fotos de la Luna – ABC.es.

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Identifican una parte de África en Norteamérica

Fue cortada del gran cuerpo del supercontinente Pangea hace cerca de 300 millones de años

ARCHIVO La unión de supercontinentes, en un ciclo de transformación de la geografía planetaria que no tiene fin

El movimiento continuo de las placas tectónicas, los fragmentos en los que está “rota” la corteza terrestre, ha formado ya, en la larga historia de la Tierra, varios supercontinentes, que se han fragmentado después en continentes más pequeños que, a su vez, volvieron (y volverán) a unirse en un ciclo de transformación de la geografía planetaria que no tiene fin.

El empuje incesante de la nueva corteza, que se forma continuamente en las profundidades marinas, a lo largo de las dorsales oceánicas, va llevando a los continentes a chocar entre sí para formar nuevos continentes que, de alguna manera, no son más que “puzzles” hechos de pequeñas piezas que proceden de otros continentes más antiguos.

Averiguar el origen y la composición de la corteza continental formada y modificada por estos eventos tectónicos es algo que resulta vital para la comprensión de la geología de la Tierra y, de paso, para afinar en la búsqueda de petróleo, gas o minerales como el oro.

En muchos casos, las rocas involucradas en estas colisiones y episodios siguen enterradas bajo la superficie de la Tierra, por lo que los geólogos deben utilizar mediciones geofísicas para estudiarlas.

Ahora, un grupo de geólogos de la Universidad de Georgia, encabezados por Elías Parker Jr., ha estudiado una franja de magnetismo por debajo de lo normal (conocida como laAnomalía Magnética de Brunswick) que que se extiende desde Alabama a través de Georgia y que recorre la costa de Carolina del Norte.

La causa de esta anomalía magnética está sujeta a un intenso debate. Muchos geólogos la atribuyen a un “cinturón” de rocas volcánicas que, hace 200 millones de años, invadió el Océano Atlántico. Si es correcto, la anomalía Magnética de Brunswick marcaría el punto en el que la actual América del Norte se separó del resto de Pangea cuando aquél supercontinente empezó a romperse.

Pero Parker y su equipo proponen una solución diferente al problema.

La orogenia Alleghanian

Basándose en otros estudios que han demostrado cómo rocas metamórficas profundamente enterradas pueden generar también señales magnéticas coherentes, Parker ha analizado al detalle las características de las anomalías magnéticas a partir de datos recogidos en varias zonas de Georgia y ha llegado a la conclusión de que el “Brunswick” procede de una fuente similar, profundamente enterrada.

La señal magnética anómala, de hecho, es consistente con un evento tectónico mayor, la orogenia Alleghanian que formó las montañasAlleghany-Apalaches cuando se ensambló el supercontinente Pangea.

La principal conclusión de Parker es que las rocas responsables de la anomalía Magnética de Brunswick marcan, en realidad, una gran zona de falla que se formó a medida que grandes porciones de África y de Norteamérica fueron “cortadas” a la vez del gran cuerpo de Pangea hace cerca de 300 millones de años.

Lo cual, además, supondría que actualmente un gran fragmento de lo que hoy es África fue “dejado atrás” en el sureste americano cuando Pangea finalmente se partió. Una interesante posibilidad que sugiere que, en realidad, una parte de la actual Norteamérica es un fragmento “olvidado” por Africa.

Identifican una parte de África en Norteamérica – ABC.es.

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La primera imagen de la Tierra desde la Luna y otros tesoros fotográficos, a un clic

La luna de Júpiter Io, en 1979. | UCL.

El University College London (UCL) posee un gran archivo de imágenes históricas y mapas de la carrera espacial, tanto de la NASA como de otras agencias. La primera imagen de la Tierra desde la Luna (captada por la sonda soviética ‘Lunar Orbiter’ en 1966), fotos soviéticas de la superficie de Venus de los años 80, mosaicos de las lunas de Júpiter de los años 70 o un mapa increíblemente detallado de la Luna realizado por un astrónomo británico en 1910, figuran entre los tesoros que a partir de ahora cualquier internauta podrá consultar on line.

En 1966 la sonda soviética ‘Lunar Orbiter’ hizo la primera foto de la Tierra.| UCL

Con motivo de la celebración delFestival de los Planetas, que Londres acogerá del 8 al 13 de septiembre, la universidad británica ha colgado en internet su archivo espacial. Las imágenes están disponibles en alta resolución en estaweb.

Según detallan en una nota de prensa, antes de que el uso de internet se generalizara y fuera una herramienta para compartir datos científicos, la NASA enviaba copias de sus fotografías a siete instituciones fuera de EEUU, entre las que se encontraba la UCL. Además, los archivos de este centro universitario se fueron enriqueciendo a lo largo de los años gracias al interés y las investigaciones de sus astrónomos.

La primera imagen de la Tierra desde la Luna y otros tesoros fotográficos, a un clic | Ciencia | elmundo.es.

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Graban los “gritos” de un volcán antes de la erupción | Ciencia y Tecnología

Reblogueado de:

EL BLOG, Ciencia y Tecnología, por José Manuel Nieves

La lava activa apareció en la cumbre del volcán Redoubt el 8 de mayo de 2009. Imagen cortesía de Chris Waythomas, Alaska Volcano Observatory.

Como si se tratara de un último aviso sobre lo que ha de venir, algunos volcanes “gritan” justo antes de entrar en erupción. Un equipo de la Universidad de Washington ha conseguido grabar esos gritos, que los investigadores llaman  “temblores armónicos”. Se pueden escuchar aquí.

No es extraño que se registre una multitud de pequeños terremotos antes de una erupción volcánica. De hecho, este fenómeno puede alcanzar tal punto de rapidez en su sucesión que crea una señal llamada “temblor armónico” que recuerda al sonido producido por varios tipos de instrumentos musicales, aunque a frecuencias mucho más bajas de lo que el oído humano puede registrar. Un nuevo análisis de la secuencia de erupciones que se produjo en el volcán Alaska’s Redoubt en marzo de 2009 muestra que el “temblor armónico” se eleva hasta frecuencias sustancialmente más altas y después se detiene abruptamente justo seis temblores antes de la erupción, cinco de los cuales aparecen de forma sucesiva.

“La frecuencia de este temblor es inusualmente alta para proceder de un volcán, y no se explica fácilmente por muchas de las teorías aceptadas”, desvela Alicia Hotovec-Ellis, estudiante de doctorado en Ciencias de la Tierra y el Espacio en la Universidad de Washington.

Al documentar la actividad, se obtuvo la prueba de que hay una presurización en el volcán justo antes de su explosión. Esto podría ayudar a perfeccionar los modelos y permitiría a los científicos comprender mejor qué sucede durante los ciclos de erupciones en volcanes como Redoubt, explica Hotovec-Ellis.

No se conoce con precisión cuál es la fuente de los terremotos y el “temblor armónico”, pero algunos volcanes emiten sonidos cuando el magma –compuesto por una mezcla de rocas fundidas, sólidos en suspensión y burbujas de gas- resuena como si subiera a través de estrechas grietas en la corteza de la Tierra.

Sin embargo, Hotovec-Ellis considera que en este caso los terremotos y el ‘temblor armónico’ suceden porque el magma se ve forzado a atravesar un estrecho conducto bajo una gran presión dentro del corazón de la montaña. El abundante magma se atasca en la superficie de la roca dentro del conducto hasta que la presión es suficiente para desplazarlo hacia arriba, donde de nuevo se atasca hasta que la presión vuelve a ser suficiente como para desplazarlo.

Cada uno de estos movimientos súbitos produce un pequeño terremoto que oscila entre magnitudes de 0,5 y 1,5 grados, explica la científica. Conforme crece la presión, los temblores se hacen más pequeños y se dan en una sucesión más rápida lo que termina por combinarse en un ‘temblor armónico’ continuo.

“Como hay menos intervalo entre cada terremoto, no hay tiempo bastante para incrementar la presión tanto como para provocar uno más grande – confirma Hotovec-Ellis-. Después de que la frecuencia se eleve hasta un nivel absurdamente alto, el ciclo se detiene y es entonces cuando el volcán explota”.

Hotovec-Ellis es la autora principal de un estudio que se publicará próximamente en el Journal of Volcanology and Geotermal Research que desvela las claves de esta investigación, financiada por la USGS and the National Science Foundation y para la que ha contado con la participación de John Vidale, de la Universidad de Washington, y de Stephanie Prejean y Joan Gomberg, de la U. S. Geological Survey.

Hotovec-Ellis también es coautora de un segundo trabajo, publicado recientemente en Nature Geoscience, que presenta un nuevo modelo de ‘fricción de la falla’ como una herramienta para evaluar los mecanismos del temblor observado en Redoubt en 2009. Esta otra investigación está liderada por Ksenia Dmitrieva, de la Universidad de Stamford, y cuenta también con la coautoría de Prejean y de Eric Dunham, de Stamford.

El incremento de la pausa en la frecuencia del ‘temblor armónico’ que se eleva justo antes de la explosión del volcán es el objeto principal del estudio publicado en Nature Geoscience. “Creemos que la pausa se produce cuando el terremoto no puede aguantar el ritmo por más tiempo y las dos caras de la falla se deslizan suavemente una contra la otra”, explica Hotovec-Ellis.

La científica ha documentado la frecuencia ascendente del temblor, comenzando en torno a 1 hertzio (o ciclo por segundo) y ascendiendo hasta aproximadamente 30 hertzios. Para los humanos, el rango de frecuencia audible comienza en torno a los 20 hertzios, pero una persona que se tendiera en el suelo sobre el conducto del magma podría escuchar el ‘temblor armónico’ cuando alcanzase su punto máximo. En cualquier caso, ésta es una actividad que Hotovec-Ellis no recomienda, ya que el temblor está inmediatamente seguido por la explosión del volcán.

Científicos del USGS Alaska Volcano Observatory han apodado como ‘los gritos’ a la frecuencia más alta del ‘temblor armónico’ por el tono tan alto que alcanza en comparación con un punto de comienzo de entre 1 y 5 hertzios. Hotovec-Ellis ha llevado a cabo dos grabaciones de la actividad sísmica, una de 10 segundos que recoge unos 10 minutos de sonidos sísmicos y ‘temblor armónico’ acelerada 60 veces; y otra de diez minutos que condensa alrededor de una hora de actividad en la que se incluye más de 1.600 pequeños terremotos que preceden la primera explosión con ‘temblor armónico’.

El creciente encadenamiento de temblores inmediatamente anterior a la explosión volcánica también ha sido documentado en el Arenal Volcano de, Costa Rica, y en el Soufrière Hills Volcano, en la isla caribeña de Montserrat. “Pero Redoubt es único en esto porque en él se entiende de forma mucho más clara qué está sucediendo –concluye Hotovec-Ellis-. Creo que el próximo paso que debemos dar ha de ir en la dirección de entender por qué los niveles de estrés que se dan en el proceso son tan altos”.

 Graban los “gritos” de un volcán antes de la erupción | Ciencia y Tecnología.

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Sacudidas del centro la Tierra cambian la duración del día cada 6 años

Se trata de cambios muy sutiles, pero totalmente inesperados, que restan o añaden milisegundos a las 24 horas

UNIVERSIDAD DE LIVERPOOL
Vibraciones en el núcleo de la Tierra restan o añaden milisegundos al día

La Tierra gira sobre sí misma una vez al día, pero lo que llamamos un día no es siempre lo mismo. Un año, hace 300 millones de años, comprendía unos 450 días, y uno de esos días de entonces duraba menos que los actuales, unas 21 horas. Ahora, investigadores de la Universidad de Liverpool y de la de París han publicado en la revista Nature que oscilaciones periódicas en el núcleo de la Tierra cambian la longitud del día cada 5,9 años. Se trata de cambios muy sutiles, que restan o añaden milisegundos a las 24 horas.

Como resultado de la desaceleración de la rotación de la Tierra, los días son cada vez más largos. Pero la rotación del planeta sobre su eje, sin embargo, puede variar en milisegundos en un día determinado. Esto es debido a diferentes impactos, como los patrones del clima, corrientes oceánicas, terremotos, glaciares que se derriten y otros factores.

Pero la Tierra también está sujeta a otras fuerzas que pueden causar que la longitud del día varíe a largo plazo o incluso dé saltos cortos en el tiempo. En este nuevo trabajo, los investigadores analizaron los datos de los últimos 50 años y separaron los citados factores conocidos que causan fluctuaciones en la duración del día para descubrir si también existían otros. Al hacerlo, encontraron lo que describen como un inesperado ciclo de 5,9 años en los que el planeta atraviesa un período de varios meses en los que la longitud de cada día es más larga o corta de lo normal. La causa concreta de este fenómeno no está clara, aunque los científicos creen que tiene que ver con el límite entre el núcleo y el manto de la Tierra.

Los científicos están interesados en aprender más acerca de las sacudidas episódicas que alteran la longitud del día durante varios meses relacionadas con el campo geomagnético de la Tierra. Durante estos bandazos de corta duración, el día de la Tierra también cambia en 0,1 milisegundos. Desde 1969, los científicos han detectado 10 sacudidas geomagnéticas que duran menos de un año.

Sacudidas del centro la Tierra cambian la duración del día cada 6 años – ABC.es.

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Las misteriosas nubes luminosas de la noche – BBC

Tom McEwan

Las nubes noctilucentes son las más altas del mundo. Conocidas también como nubes mesosféricas polares, son poco frecuentes, pero se pueden ver en el norte y sur del planeta entre las latitudes 50º y 70°. Estas nubes aparecen a 89,5 kilómetros por encima de la Tierra, en la mesosfera, justo en el borde del espacio, y emiten un resplandor blanco y azulado. Las algodonosas nubes cúmulus tienden a flotar a sólo un kilómetro y medio de la superficie terrestre. La más alta de las nubes comunes, el fino y ralo cirrus, sólo alcanza unos 13 kilómetros de altura. ¿Qué hace a las nubes noctilucentes tan diferentes a las nubes ordinarias, y por qué se forman?

“Mar luminoso”

Las nubes noctilucentes fueron descubiertas hace relativamente poco.

El primer registro de un avistamiento fue hecho en 1885 por el británico Robert Leslie, quien le escribió a la revista Nature, diciendo que “un mar de nubes de color blanco plateado luminoso yace por encima del cielo crepuscular ordinario”. Leslie dijo que el extraño brillo parecía pintura fosforescente, y señaló que “a pesar de que deben haber recibido su luz del Sol, no es fácil pensar que haya sido así, ya que en el cielo oscuro parecen más brillantes y pálidas que las nubes bajo una Luna llena”.

El descubrimiento del Krakatoa

El volcán Krakatoa, ubicado en Indonesia, entró en erupción en 1883.

Las nubes noctilucentes le deben sus primeras observaciones a una erupción volcánica en el otro lado del mundo: la del Krakatoa, en 1883.

El volcán entró en erupción con la fuerza de mil bombas nucleares, disparando una nube de polvo 80,5 kilómetros hacia el cielo. Esto provocó años de actividad atmosférica inusual, incluyendo increíbles puestas de Sol y la Luna de color azul.

Las nubes noctilucentes casi seguro que existían antes de 1883, aunque, que se sepa, nadie había escrito sobre su naturaleza única. La palabra noctilucente proviene del latín y significa “noche brillante”, y estas nubes etéreas sólo pueden verse en el verano después de la puesta del Sol.

“Esto se debe a que el Sol todavía está iluminando las nubes noctilucentes, mientras que el observador está en la oscuridad, lo que proporciona el contraste necesario para ver este fenómeno opticamente tenue”, explica Mark Hervig, científico investigador en el GATS, una empresa que las ciencias de la atmósfera.

Su trabajo ha ayudado a explicar muchos de los misterios de la creación y composición de las nubes noctilucentes. “Las nubes noctilucentes se componen de pequeñas partículas de hielo”, le dice Hervig a la BBC, y explica que sólo se forman por debajo de los -120C°. Esto ocurre en verano, cuando la atmósfera se encuentra en su temperatura más fría y el aire caliente de abajo se enfría rápidamente al expandirse hacia arriba, permitiendo que se formen las nubes noctilucentes.

Las nubes noctilucentes (azules) observadas frente a la Luna, fotografiadas desde la Estación Espacial Internacional

Cazadores de nubes

Las nubes noctilucentes han sido observadas y estudiadas durante todo el siglo XX y se han visto cada vez con mayor frecuencia en el XXI. Pero ¿por qué parecen ser cada vez más comunes?

Tom McEwan, que dirige una página de internet de observadores de nubes noctilucentes desde 1995, dice: “Los avistamientos son sin duda más frecuentes, pero hay que ver si esto se debe a una actividad fuerte de las nubes noctilucentes o es el resultado de una mayor conciencia del fenómeno entre los astrónomos y aficionados”. Los observadores ordinarios ahora pueden registrar las nubes con facilidad con el uso de cámaras digitales.

“Incluso las cámaras digitales compactas básicas logran capturar los detalles finos de las nubes noctilucentes”, explica McEwan. “En la actualidad hay una red de este tipo de cámaras, operadas automáticamente por programas informáticos, distribuidas en todo el hemisferio norte, que captan resultados muy interesantes”, cuenta.

Polvo extraterrestre

Los más grandes conocimientos sobre las nubes noctilucentes, sin embargo, han venido del espacio mismo. En 2007, la NASA lanzó el satélite Aeronomía de Hielo en la Mesosfera (AIM, por sus siglas en ingés) con el propósito específico de reunir más datos sobre las nubes noctilucentes. El satélite estaba equipado con cámaras y detectores para observar pequeños detalles dentro de las nubes. El equipo de Hervig se valió de una herramienta llamada Ocultación Solar para el Experimento de Hielo (SOFIE) a bordo del satélite y pudo ver que cada uno de los cristales de hielo contenía un poco de polvo.

Las nubes noctilucentes captadas por el satélite AIM de la NASA

Ese polvo no es volcánico, sin embargo: es extraterrestre. En 2012, el equipo de Mark Hervig confirmó que el polvo proviene de los miles de pequeños meteoros que se queman en la atmósfera todos los días y dejan rastros vaporizados. Las partículas tienen el mismo tamaño que las que el Krakatoa habría lanzado a la atmósfera en 1883.

El polvo proporciona la superficie necesaria para que el agua forme pequeños cristales de hielo. Estos cristales son cientos de veces más pequeños que los que podrían formarse en las nubes más bajas. Su tamaño pequeño explica el color azul de la nube, dado que a esta escala los cristales dispersan la longitud de onda de la luz azul más fácilmente.

“Los instrumentos anteriores no eran lo suficientemente sensibles como para detectar las capas de hielo, ópticamente delgadas, que el AIM mide sin ningún problema”, dice Hervig. “SOFIE fue el primer instrumento del satélite en medir el humo meteórico de la estratosfera y la mesosfera, y proporcionó las primeras mediciones de humo continuas durante años”, explica Hervig.

Esto les permitió ver que aparecían patrones y también descubrieron que esas nubes están presentes en el Círculo Polar Ártico durante casi todo el año.

Futuro nublado

Nubes provocadas por el lanzamiento del transbordador espacial Atlantis en 2007

A pesar del poder de la misión AIM y los montones de datos que recogió, las nubes noctilucentes todavía albergan misterios y contradicciones entre lo que se espera de ellas y lo que realmente hacen.

“Los experimentos anteriores han mostrado una reducción en las nubes noctilucentes durante los períodos de mayor actividad solar, debido al aumento del calor y la destrucción del vapor de agua”, dice Hervig. “Sin embargo, durante el máximo solar actual, las mediciones del AIM muestran un aumento de actividad de las nubes noctilucentes”.

El equipo ahora está investigando si esto se debe al aumento de los gases de efecto invernadero. “El aumento de metano produce más vapor de agua en la mesosfera, y se cree que el aumento del dióxido de carbono enfría la mesosfera,” dice Hervig. “Ambos efectos producen más nubes noctilucentes”. El equipo también encontró que el tubo de escape del transbordador espacial aumentó la presencia de las nubes noctilucentes. “Con el programa del transbordador nos interesa observar qué cambios se producen y entender los efectos de la nueva generación de vehículos de lanzamiento”, dice Mark Hervig.

Las misteriosas nubes luminosas de la noche – BBC Mundo – Noticias.

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El libro científico más polémico

En el año 1623, en plena eclosión de la ciencia moderna, llegó un nuevo Papa al Vaticano: Maffeo Barberini. O, como sería conocido desde entonces, Urbano VIII. Como Galileo, el nuevo Pontífice era florentino, y había elogiado públicamente al astrónomo por sus descubrimientos con el telescopio. Galileo había sido ya advertido, pero no aún censurado, tras publicar que la Tierra gira alrededor del Sol.

La elección de un Papa amigo animó a Galileo, quien se decidió a regalar al recién nombrado Urbano VIII una copia de su último libro, ‘Il Saggiatore’ (El ensayista). Al Pontífice le gustó el nuevo libro, por lo que Galileo fue un paso más allá y le pidió permiso para publicar su teoría sobre las mareas. Al no conocerse la ley de la gravedad, el científico toscano intentaba explicar las idas y venidas de los océanos como una consecuencia del movimiento de la Tierra. La teoría era errónea porque no tenía en cuenta el influjo de la Luna, pero el problema no era ese, sino que los argumentos presentados necesitaban que la Tierra se moviera alrededor del Sol.

Sólo el modelo cosmológico heliocéntrico de Copérnico avalaba la explicación que aventuró Galileo, lo que le llevó a presentar su obra como un ‘Dialogus de systemate mundi’ (Diálogo sobre los sistemas del mundo), nombre con el que fue publicada en Florencia en 1632. En ella se ridiculizaba el modelo geocéntrico ptolemaico y se ignoraba el más actual sistema geocentrista de Tycho Brahe, que había hecho algunas correcciones sobre el anterior para adaptarlo a los nuevos tiempos. El modelo de Brahe aunaba las recientes observaciones telescópicas con la vieja creencia en una Tierra estática, por lo que era el preferido de la Iglesia católica.

El libro de Galileo erraba en su intento de dar una explicación a las mareas y dejaba claro que el genial científico y astrónomo no había sido llamado por los caminos de la creación literaria. Aun así, la obra tenía un innegable acierto, que fue precisamente lo que más molestó a sus detractores: Galileo describía con precisión las cuidadas observaciones que había realizado con su telescopio, las cuales resultaban incompatibles con el sistema geocéntrico.

Un mensaje de Dios en la naturaleza

‘Dialogus de systemate mundi’ de Galileo. | E.M.

Estas observaciones habían pasado ya el filtro de la Inquisición cuando fueron publicadas por primera vez, en 1613, antes de que Roma emitiera su decreto anticopernicano. Los verdaderos problemas llegarían casi 20 años después, cuando reaparecieron para atacar al sistema ptolemaico en el Diálogo de 1632. Una obra de apariencia inocua, cuyo objetivo declarado era hablar del movimiento de los mares, se convertiría en el que posiblemente es -con permiso de Darwin y Freud- el libro científico más polémico de la historia, capaz de poner en jaque a toda una idea de la civilización, el ser humano y el cosmos.

Al año siguiente de su publicación, un nuevo decreto papal complicaría aún más las cosas para Galileo, a quien el Colegio Cardenalicio acabaríacondenando por herejía. Es posible que el Papa se sintiera traicionado porque Galileo no le dijo lo que iba a hacer realmente cuando le pidió permiso para escribir el libro, o que la Iglesia se viera cada vez más acorralada y quisiera imponer un castigo ejemplar que sirviera de aviso a los científicos. Ambas opciones no son excluyentes.

Tampoco hay que descartar que el pertinaz Galileo contribuyese a cavar su propia tumba. Sus acusadores se conformaban con que el científico admitiese que el sistema copernicano era tan solo una hipótesis que cuadraba bien con las observaciones. Lo cual, visto desde hoy, no era ningún disparate. Es cierto que el Sol está en el centro del Sistema Solar, pero éste no funciona del modo en que describieron Galileo y Copérnico. Desde la perspectiva de la ciencia contemporánea, podría decirse que la Iglesia tenía gran parte de razón, aunque por motivos contrarios a los que creyeron los inquisidores. El cosmos es mucho más grande y complejo de lo que se pensaba, y se parece aún menos a las descripciones bíblicas de lo que establecía el heliocentrismo. QuizáGalileo intuyó que se encontraba ante un ataque fundamentalista, aunque disfrazado con argumentos científicos, y no quiso ceder ante sus jueces; o quizá la ciencia estaba demasiado inmadura para darse cuenta de que hay muy pocas cosas sobre las que tengamos una certeza absoluta, y que empeñarse en defender un modelo preestablecido del cosmos es, de hecho, anticientífico.

Galileo buscaba en la ciencia un lenguaje equiparable al de las Sagradas Escrituras, que entonces eran el argumento último de autoridad. En una de sus más célebres sentencias, manifestó que Dios había escrito el universo en lenguaje matemático. Estaba convencido de que usar la razón y los sentidos para desvelar este mensaje era una labor con tanto valor teológico como interpretar la Biblia. Tanto las Escrituras como la naturaleza contenían un mensaje del creador, aunque uno estaba dirigido a la mente y el otro al corazón. Las leyes físicas y matemáticas del cosmos reflejaban para el toscano el justo orden de la obra divina, el pensamiento mismo del Creador.

Aunque resulte paradójico, lo cierto es que, en nuestro tiempo, esta visión está mucho más extendida en la Iglesia católica que en la ciencia profesional. Como recuerda Walter Brandmüller, presidente de la Comisión Pontificia de Ciencias Históricas, “cualquier especialista [en Teología] de hoy aprobaría en lo esencial” la postura de Galileo, que se basaba en los criterios de interpretación de la Biblia de San Agustín y otros teólogos clásicos. Muchos científicos de la actualidad rechazarían la interpretación que Galileo hacía de las leyes naturales, mientras que los teólogos de hoy bien podrían acusar a los inquisidores de haber confundido la Creación con un puñado de astros.

Geocentrismo, fanatismo e ignorancia

Galileo fue sentenciado a cadena perpetua, pero la condena se le conmutó por arresto domiciliario, de forma que pudo continuar con sus estudios hasta que empezó a tener graves problemas de salud. Tras caer enfermo, la Inquisición le permitió trasladarse a una villa cercana a Florencia para estar cerca de sus doctores. Allí murió en 1642. No está claro hasta qué punto el caso de Galileo asustó a otros astrónomos. Una vez que las tensiones entre protestantes y católicos se debilitaron, y la obra de Isaac Newton dio el empujón definitivo a la nueva ciencia, la Iglesia abandonó enseguida su férrea adhesión al geocentrismo.

Sin embargo, el lenguaje irreverente y burlón del Diálogo se le siguió atragantando durante algún tiempo. La prueba de ello es que el decreto contra Copérnico quedó oficialmente derogado en 1757, mientras que el libro de Galileo permaneció en el listado de publicaciones prohibidas hasta 1831. Para entonces, el sistema heliocéntrico ya estaba plenamente aceptado, aunque en una versión muy distinta a la que defendieron Galileo y su colega alemán Johannes Kepler.

Johannes Kepler

La Iglesia no tenía ninguna necesidad de situar a la Tierra en el centro del sistema solar para defender sus ideas, y sí tenía, en cambio, poderosos motivos para no enfrentarse al naciente método científico. El temprano empeño en defender el geocentrismo, del que Galileo fue víctima, pasaría a la historia como el paradigma del fanatismo y la ignorancia, a pesar de que Roma también realizó importantes esfuerzos a favor de la astronomía y la ciencia. “La Iglesia católica ha dado más apoyo financiero y social al estudio de la astronomía, durante más de seis centurias, que ninguna otra institución en el mismo tiempo, y, probablemente, que todas las demás instituciones juntas; esto ha sido desde la baja Edad Media hasta la Ilustración”, señala el historiador de la ciencia John L. Heilbron. Sin embargo, aún se recuerda a la Iglesia romana de estos tiempos como una furibunda enemiga de la ciencia, debido a que la errónea filosofía de la que partía acabó echando por tierra todos sus esfuerzos. Quizá esto sirva para contestar a una vieja pregunta que muchos científicos aún se hacen: ¿Para qué sirve la filosofía?

Los hallazgos de Galileo, si se contemplan desde la distancia, son tan geniales como, en el fondo, sencillos: los planetas no se mueven del modo en que anticipó un astrónomo egipcio llamado Ptolomeo, sino que lo hacen de otra forma. Si Galileo tuvo problemas, fue porque esta simple observación se entrometía en el sistema de valores dominante en su sociedad, algo que, en realidad, debió satisfacer enormemente a un espíritu rebelde como el suyo. La historia de su procesamiento, en su versión más simple y esquemática, se cuenta una y mil veces para defender toda clase de argumentos. Aunque, teniendo en cuenta la convulsa Europa en la que se desarrolló la revolución científica, quizás no le tocó la peor de las suertes al toscano. El fanatismo de quienes lo condenaron, si bien deplorable, parece un juego de niños comparado con el que sufrió, en la Alemania protestante, su colega Johannes Kepler.

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